Categoría: Historias , 13 Diciembre, 2017

Los balnearios y sus nombres: orígenes, historias y anécdotas

Los balnearios y sus nombres: orígenes, historias y anécdotas

“¿Cuántas formas existen de ordenar una biblioteca? ¿Mil? ¡No: un millón!”
Jorge Luis Borges

El acto de “nombrar” está ligado al origen mismo del lenguaje. Comprender el nombre de las cosas es, de alguna manera, intentar comprender su origen. ¿A qué viene esta reflexión lingüística? A que en Casas en el Este nos encanta indagar en los nombres que dan identidad a nuestra costa, para conocerla y quererla todavía más. Hace un tiempo le tocó a los nombres de las casas. Recorrimos las calles de los balnearios e hicimos una nota sobre el origen de esa costumbre de ponerle nombre propio a las casas, y cuáles son las principales categorías que podemos encontrar.

Debido al éxito de la nota, mucha gente nos propuso hacer algo similar con los nombres de los balnearios. Aquí está nuestro recorrido por el nacimiento de los distintos nombres y los relatos increíbles que fuimos hallando.



Escoger un nombre no es tarea sencilla, y por eso quizás las inspiraciones de los fundadores suelen tener similitudes, que nos ayudaron a elaborar esta clasificación. Algunos nombres vienen de las características geográficas: “Playa Grande”. Otros tienen alusiones más históricas, a su fundador, a un hecho destacable o a su proceso de creación. Y otros, llevan a anécdotas insospechadas, leyendas que los vecinos se van pasando de generación en generación. Los invitamos a descubrirlas.
 

Los nombres homenaje


Como un padre que da su nombre a su hijo, estos balnearios llevan en su nombre el de su creador:                                                                                                                                                         

Piriápolis: Cuando lo fundó en 1890, Francisco Piria quiso llamarlo “Balneario del Porvenir”, ya que su proyecto era convertirlo en el principal destino de Sudamérica. Pero en 1904 la gente ya le llamaba Piriápolis, un nombre inventado que etimológicamente significa “la ciudad de Piria”. El nombre se consolidó con la apertura, ese año, del Gran Hotel Piriápolis. Hoy no imaginamos un mejor nombre para el que fue el primer balneario de nuestro país, en honor a uno de los mayores pioneros del turismo uruguayo.

San Francisco: Esta playa de Piriápolis también rinde homenaje a Francisco Piria, elevándolo al estatus de santo.

Jaureguiberry: Quizás es el balneario que más directamente honra a su fundador, de quien toma su apellido sin modificaciones. Para quienes no lo sabían,  Miguel Jaureguiberry fue uno de los grandes pioneros del este; convirtió un desierto de dunas en uno de los balnearios más verdes de la Costa de Oro, lleno de historias, y también fundó el Balneario Solís, vecino a “Jaure” (como hoy le llaman cariñosamente sus veraneantes).


La vista del Arroyo Solís Grande desde Jaureguiberry

Balneario Solís: Sería para confusiones que hubiera tomado el nombre de su creador. Por eso el primer balneario de Maldonado fue nombrado a partir del apellido del antiguo propietario de las tierras ubicadas entre los arroyos Solís Chico y Solís Grande (y no del conquistador Juan Díaz de Solís, como muchos podrían adivinar).
 
José Ignacio: La lista de balnearios-homenaje (que también podría llamarse “balnearios con nombre de personas”) cierra con este icónico  rincón de Maldonado. Su nombre viene de un antiguo poblador, José Ignacio Sylveira, quien vivió allí en la época colonial alrededor del año 1728. Fue un pionero enviado por el rey de España con la misión de transportar mercaderías portuguesas a la zona de Maldonado. En 1763, la primera estancia de esa región ya era conocida por los baqueanos con el nombre de José Ignacio.


Así se veía José Ignacio en la primera mitad del siglo XX
 

Los nombres geográficos


Son los nombres más naturalmente motivados por las características mismas del lugar. En general se crean agregándole mayúsculas a las palabras que describen el sitio.

Punta del Este: El balneario más famoso de Uruguay se conoce hoy por su nombre “cardinal” (es una “punta” que está en el “Este” del país, ¿hay que detallar algo más?). Pero ese no fue el nombre que tuvo siempre. En 1516, cuando el navegante Solís llegó a la península, la llamó “Puerto Nuestra Señora de la Candelaria”, ya que fue descubierto el día de la Virgen del Mar, el 2 de febrero. En 1829, Don Francisco Aguilar fundó el primer asentamiento de la península y lo llamó Villa Ituzaingó en recuerdo de la victoria de los criollos ante el ejército imperial del Brasil, dos años antes. Pero similar a lo que ocurrió con Piriápolis, los pobladores dieron su propio nombre al lugar, y en 1907 se acepta el reclamo popular y la zona pasa a bautizarse como Punta del Este.


Antigua postal de Punta del Este
 
La Barra: Una “barra” es el banco de arena que se forma cuando un arroyo desemboca en el mar. Aunque hay varias barras en nuestro este, “La Barra” a secas fue el nombre que adoptó el balneario vecino a Punta del Este en la segunda mitad del siglo XIX debido a su localización en la desembocadura del Arroyo Maldonado.


 

En este foto se puede ver al fondo el viejo puente de La Barra de Maldonado

La Pedrera: Acá entramos en la subcategoría geografía descriptiva, donde el nombre viene no tanto de la ubicación (como Punta del Este o La Barra) sino de las características del terreno. En el caso de La Pedrera, se llama así por el peñón de rocas donde se emplaza, una formación geológica milenaria. Las piedras que en “La Pedrera” de Gaudí (Barcelona) dan nombre al lugar a través del arte, en el balneario rochense lo hacen de forma natural.
 
Playa Verde: Otro nombre bien directo y descriptivo. Si lo primero que se veía de este balneario era el color del pasto camuflándose con el del mar, qué hay más directo que llamarla “Playa Verde”.

La Coronilla: El lugar era un pequeño asentamiento agrícola que luego pasó a llamarse Colonia de Gervasio, hasta que la localidad adoptó el nombre Las Maravillas y pasó a ser considerado como balneario. Luego de varios vaivenes de proyectos inconclusos, finalmente en 1951 terminó llamándose La Coronilla, a causa de los bosques de coronilla que se encontraban en la zona.
 

Geográficos figurados

 
Estos nombres también derivan de sus atributos geográficos, pero los “denominadores” fueron un poco más creativos y pensaron en metáforas y analogías para describir los lugares.

Con animales

 
La Paloma: Hay dos versiones que explican por qué el originariamente “Cabo de Santa María” adquirió este nombre, y las dos tienen un sentido figurativo. Algunos dicen que la costa de la bahía, desde lejos, se parece a las dos alas de una paloma en vuelo. La segunda, que la espuma de mar rompiendo en las rocas parece formar palomas blancas. Más allá del verdadero origen, si pensamos que la paloma es el símbolo de la paz, no hay dudas que es un nombre acertado para denominar un lugar de retiro y descanso.


La paloma en 1930
 
Punta Ballena: La ondulación del terreno, similar al lomo de una gran ballena, inspiró a los locatarios a llamarle así. Un nombre muy propicio en una zona desde donde se puede avistar la ballena franca durante el invierno.
 

Por el color


Punta Rubia: El color dorado de las arenas le dio un nombre capilar a esta playa vecina a La Pedrera.
 
La Esmeralda: Y siguiendo las analogías por el color, para los primeros pobladores de este balneario rochense, allá por 1950, el agua se asemejaba a una esmeralda, y decidieron nombrar la localidad en virtud de la piedra preciosa.
 
Costa de Oro: Siguiendo con analogías dignas de un tesoro escondido, el brillo dorado de la arena motivó que se eligiera el metal precioso para referirse a toda la costa de Canelones.


Vista aérea de Costa Azul en 1943
 

Con otros balnearios

 
Salinas: Podríamos pensar que se llama así por la salinidad del agua (o por asemejarse a los desiertos de sal). Pero la historia dice que toma su nombre de la similitud que encontraron sus comerciantes con el balneario chileno Salinas.
 
Costa Azul: También pensaríamos que el balneario canario se bautizó así por ser una costa de color azul; pero su origen en verdad es una alusión a la Costa Azul de Francia y a la elegancia europea que se deseaba emular en los años cuarenta con la edificación de la Costa de Oro.
 

Nombres históricos


Esta ecléctica categoría reúne los nombres de balnearios inspirados en la historia del lugar, sea su proceso de fundación, los orígenes del lugar o algún hecho significativo. El ejemplo más claro es Marindia, que combina las palabras “mar” e “india” (por si alguien no lo había notado) para remitir a los indígenas que originariamente habitaban el lugar. Pero hay otras subcategorías en las inspiraciones históricas.
 
 

Los naufragios


Cabo Polonio: Para los que alguna vez se lo preguntaron, el nombre de este balneario tan especial no tiene que ver con Polonia. Su origen, según la teoría más aceptada, proviene del capitán Joseph Polloni, que perdió el control sobre el barco que comandaba con 300 personas a bordo y terminó naugrafando en la zona del Cabo en enero de 1735. Un extraño homenaje, ya que se cuenta que se estrelló por estar ebrio, y huyó tras el accidente.



Otra versión del nombre también lo vincula a un naufragio, pero de un galeón llamado Polonio, proveniente de España, que encalló en 1735. La segunda teoría va más allá en la historia y dice que en 1516 el navegante Juan Díaz de Solís llegó a esta punta rocosa y la llamó  "Cabo Apolonio", quizás en referencia a Apolo, el dios romano del Sol. Si te interesa saber más podés leer nuestra nota Historia de un naufragio: La leyenda del Polonio.
 
 
Fortín de Santa Rosa: Este balneario toma su nombre de la hostería construida en 1932, que aún hoy es el gran emblema del balneario. ¿Dónde está la parte del naufragio en este origen? En que toda esta zona se llamaba “Santa Rosa” en honor al naufragio de un barco contrabandista portugués, ocurrido a finales del siglo XVIII.
 

Tradiciones acuáticas

 
 
Aguas Dulces: Podría estar entre los nombres geográficos, ya que describe un terreno con cañadas y manantiales. Pero lo consideramos histórico porque remite a la tradición de los antiguos navegantes, que tomaban la preciada “Agua Dulce” (tal fue su primer nombre en 1901) de los pozos de esta zona, con agua fresca y bebible  a escasa profundidad.  Incluso el nomenclátor de las calles incluye nombres vinculados a este origen acuático, como la Avenida Cachimba y Faroles o el espacio “Cachimbero de los Santos”.
Info muy interesante sobre la identidad de los nombres de Aguas Dulces aquí: http://www.revistahistoricarochense.com.uy/rhr-no-2/los-nombres-del-agua-dulce/
 
Manantiales: Tiene un origen casi idéntico al anterior, pero refiriendo a la naciente de agua ubicada al este de Punta del Este, a donde los pobladores de Maldonado, San Carlos y la propia Península iban a abastecerse.
 

Manantiales por la noche

Valizas: Una tradición acuática, pero más vinculada a la navegación, es la que da origen al nombre del Arroyo Valizas –y por ende, al balneario-. Dicen que los antiguos pobladores colocaban luces (balizas) para engañar a los barcos, haciéndolos encallar en las rocas para saquearlos. Otra teoría cuenta que donde nace el Arroyo Valizas había un cruce para los viajeros señalado con estacas (balizas). Lo que no se explica bien es por qué Valizas se escribe con “v” y no con “b”, pero los nombres propios pueden tomarse esas libertades.
 

Las empresas fundadoras

 
Muchos balnearios nacieron por el esfuerzo de empresas forestadoras, que no solo dieron árboles sino también su nombre a los lugares que crearon.
 
La Floresta: Este nombre retrata muy bien el paisaje boscoso del balneario, pero no deriva de un intento descriptivo del lugar, sino de la empresa que lo construyó, llamada La Floresta S.A. En 1909, el abogado Miguel Perea impulsó la forestación de esta zona de Canelones inspirado por la labor de Piria y Lussich en Maldonado, y creó la empresa forestadora que en 1911 daría su nombre al balneario.


Así se veía La Floresta en 1937
 
Parque del Plata: Otra empresa con un nombre más que acertado para el lugar que forestó. Compañía Parque del Plata S.A. se encargó del loteo de terrenos y la construcción de calles y edificios en este balneario, al que trasladó su nombre inspirado en los pinos y eucaliptus plantados. 

Shangrilá: El nombre de esta localidad de la Ciudad de la Costa guarda una asombrosa coincidencia. Su origen proviene de la Empresa de Rentas e Inversiones S.H.A.N.G.R.I.L.A (sigla que significa Sociedad Hipotecaria Administradora de Negocios Generales Rentas Inversiones Locaciones Anónima), con capitales argentinos y propietaria de los terrenos donde se desarrolló el balneario. Pero Shangri-La también es un lugar ficticio inventado por James Hilton en su novela Horizontes Perdidos (publicada nueve años antes de fundarse el balneario), y que por extensión se usa para describir todo paraíso terrenal. ¿Casualidad o causalidad?

Solymar: De la unión entre los dos componentes más importantes del verano surge el nombre de la empresa Solymar S.A., que en 1948 adquirió varias hectáreas de la zona para empezar a desarrollarla. El trabajo fue culminado por el grupo emprendedor  Mar S.A., que a su vez inspiró el nombre de Pinamar.
 

Nombres legendarios

 
El origen de estos nombres también se basa en una historia, pero mítica.
 
Atlántida: En principio, se llamó “Playa de los Médicos” por ser frecuentada por doctores y estudiantes de medicina. Según una de las teorías, ellos decidieron bautizarla “Atlántida” en honor al continente mitológico mencionado por Platón. Otra teoría menos mítica atribuye el nombre a que, a comienzos del siglo XX, los titulares de los diarios se referían al balneario como la primera playa “atlántica”, antes de que se considerara oficialmente a Punta del Este como inicio del Océano.
 

Atlántida Hotel
 
Punta del Diablo: En sus orígenes llamado ¨Cerro de Los Pescadores” porque sus primeros visitantes venían a pescar desde Valizas. Seguramente por el miedo que infundían sus olas altísimas y furiosas, estos pescadores le llamaron “Punta del Diablo¨; atribuyendo a una fuerza infernal lo que hoy es un paraíso de los surfistas.
 
El Tesoro: Cuentan las leyendas que los piratas escondieron tesoros en esta zona de La Barra, y que los primeros pobladores llegaron atraídos por la idea de encontrarlos. Lo que no hay duda es que encontraron un tesoro en el paisaje.
 
Neptunia: No encontramos registro del origen exacto de este balneario, pero sí podemos clasificarlo dentro de los nombres mitológicos porque la palabra deriva de “Neptuno”, dios romano del mar.  
  

 

Nombres santos

 
 

Nombres naturales

 
 
Guazuvirá: Mostrando su identidad autóctona desde su nombre, el balneario  homenajea a una de las especies de ciervo que viven en la zona: Mazama Gouazoubira. El nombre del animal es de origen guaraní (“Guazú – birá”) y significa “Campo de ciervo”.
 
Las Flores: Previamente llamado Playa Linares por su fundador (Gregorio Linares de Sierra), el uso le terminó dando un nombre asociado a la naturaleza. Aunque no fue por las flores que podrían encontrarse en el balneario, sino por la nomenclatura de sus calles, cada una en honor a una flor distinta.
 

El Castillo Pittamiglio en el balneario Las Flores
 

Otras clasificaciones


Nombres adjetivos:

 

Nombre en honor a nuestros hermanos

Balneario Buenos Aires
 

Puntas de colores

Punta Rubia
Playa Verde
 

Nombres inmobiliarios

Hay construcciones emblemáticas que trasladan su nombre a todo el balneario.
 
Montoya: Una inmobiliaria llamada Montoya vendía terrenos en esta playa de Punta del Este. Al pasar por allí, la gente veía su cartel e identificaba la zona con ese nombre.
 
Solanas: Toma su nombre por el hotel Solanas del Mar, primer hotel construido en la zona.


 
Y con esto cerramos este informe sobre los nombres de los balnearios. Por supuesto, si tenés algún aporte que se nos escapó comentanos así enriquecemos entre todos nuestro patrimonio cultural.

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