Categoría: Historias , 21 Agosto, 2017

170 años de Francisco Piria: historia y misticismo de Piriápolis

170 años de Francisco Piria: historia y misticismo de Piriápolis

Piriápolis en 1950

Este 21 de agosto se cumplen 170 años del nacimiento del que para muchos fue el gran pionero del este uruguayo y del turismo en el país: Don Francisco Piria. Como homenaje vamos a recorrer la curiosa historia de Piriápolis y los símbolos ocultos que dejó en la ciudad (un sueño que nació al regresar de un decisivo viaje por Europa), así como su visión y su incidencia como referente histórico para empresarios uruguayos. Una invitación a descubrir su legado.



El nacimiento de un sueño


“-¿Por qué, muchacho, no vienes a fomentar la región de Pan de Azúcar tan linda y llena de encantos? 
-Mire, don Félix, yo no soy tan tonto como para plantar mis jalones en el desierto.” (“Dos siglos de publicidad en el Uruguay”; por Jacinto Duarte)

Esa fue la respuesta de un joven Francisco Piria ante la pregunta de don Félix de Lizarsa, fundador del pueblo Pan de Azúcar, en un diálogo casual mantenido por las calles de Montevideo. En aquel entonces, Piria vivía gracias al remate de solares de distintos barrios montevideanos. Sin embargo cambiaría de idea en el año 1889, al regreso de uno de sus viajes por Europa, donde conoció los principales balnearios en las costas del Mediterráneo. La idea de realizar algo similar en Uruguay estaba firmemente arraigada en su mente.



Piriápolis fue fundada en 1893 por Francisco Piria, concebida desde el comienzo como un destino turístico de estilo Europeo. Piria ya estaba instalado en la zona desde 1889 dedicándose a cultivar uva, olivares y tabaco, en sus 2700 hectáreas desde el Cerro Pan de Azúcar hasta el mar. 

“Habíamos recorrido media Europa, visitando la mayor parte de sus balnearios, sus montañas, bosques, valles, sitios veraniegos y recreativos, vistas tantas bellezas, los inmensos tesoros, y sin embargo aquél rincón encantador nos cautivó.- Ver esa localidad y apasionarnos de ella todo fue uno.- Un mes después se firmaba la escritura de compra” (Francisco Piria; Extracto de una publicación de Montevideo Edilicio; Publicación Mensual de 1918)


Publicidad de Francisco Piria

La ciudad del porvenir

“El campo era un desierto. Una tapera desplomada única población y algunos alambrados caídos cuando lo adquirí. Poco después hice el trazado de la futura Piriápolis y cuando el agrimensor Alfredo Lerena vio mi proyecto, exclamó: hermano, tú estás loco.” (“Francisco Piria, el ‘segundo fundador de Montevideo’”; por César Di Candia)

La idea era forjar una ciudad autosuficiente con buena conexión hacia el exterior, realzando la belleza natural de sus playas y cerros (Pan de Azúcar, San Antonio y Cerro del Toro). La llamó “La ciudad balnearia del porvenir”, luego finalmente tomó de forma inexorable el nombre directo del apellido de su fundador. En 1897 ya estaba construido el Castillo de Piria, que fue su residencia permanente (obra del ingeniero Aquiles Monzani), y considerada la primera construcción de Piriápolis. 

Breve cronología del nacimiento de la ciudad de Piria:

  • En 1904 la zona contaba con el Gran Hotel Piriápolis, engalanado con muebles, vajilla, mantelería, cristalería y alfombrados europeos. Allí se alojaron los primeros turistas. 

  • El mismo Piria realizó los remates de solares en 1912, mientras un socio hacía lo mismo desde Buenos Aires. 

  • La ciudad estaba conectada a la región por el ferrocarril y existían los paseos de La Cascada y La Virgen de los pescadores. Contaba con un hipódromo y ya estaban construidas las tres fuentes: Fuente del Toro; Fuente de Venus y Fuente de la Virgen. En 1930 se inauguró el Argentino Hotel, gigantesco complejo diseñado para albergar a 1200 personas, que fue entonces el más grande de América del Sur.


Piriápolis sin Piria

“No se lucha toda la vida por dinero. El dinero es necesario como medio. Obtenido, hay que ennoblecer las aspiraciones haciendo obras de gran aliento”. (Palabras escritas por Francisco Piria en uno de los últimos folletos que publicó antes de su muerte)

La ciudad no paró de crecer y desarrollarse; Francisco Piria le impuso una fuerza tal a su obra que no se detuvo con su muerte (en 1933) ni mucho menos:

  • El mayor auge del balneario fue en las décadas de 1940 - 1950. En 1945 se inauguran nuevos hoteles y en 1952 nace el autódromo a las faldas del cerro San Antonio.

  • Hasta 1959 funcionaba “el trencito”, que conectaba el puerto, las canteras, la rambla, la estación Pan de Azúcar y los hoteles. Fue durante décadas parte de la identidad del balneario, que era recorrido por 18.000 metros de vías.



  • En las décadas de 1960 - 1970 se realizaron en Piriápolis importantes festivales musicales de nivel internacional.

  • Hoy, con una población estable de 9.000 habitantes, es el segundo balneario más importante de Uruguay, solo superado por Punta del Este.

Aquí puedes consultar más información sobre la historia de Francisco Piria y su vínculo con Piriápolis.


Argentino Hotel, 1936

Un lugar místico


Si bien Francisco Piria recibió una educación italiana convencional, en tierras sudamericanas su figura siempre causó misterio. Su tío era un monje jesuita y fue quien decidió inculcarle en Italia conocimientos de historia, filosofía y mitología, desde los 5 hasta los 16 años, cuando retornó a nuestro país. Algunos dicen que su tío era alquimista, y allí comienza a tejerse la leyenda.

Arquitectura simbólica

Es indudable que construcciones como el Castillo de Piria (donde algunos afirman haber visto fantasmas) o la Iglesia que nunca terminó de construirse (que muchos llaman “la Iglesia Maldita de Piria”) están impregnadas de simbología alquimista y hacen referencias a la mitología griega y templaria. No se sabe con precisión si Piria vinculó sus obras a estas corrientes por mera admiración, o porque era un fiel practicante alquimista.

De lo que ha sobrevivido al paso del tiempo, se pueden apreciar por ejemplo los capiteles de las columnas exteriores del Castillo de Piria, que tienen figuras talladas con forma de serpientes; o los perros que custodian la entrada, animales que en la alquimia simbolizan la materia prima.



  • Los leones alados (o grifos) a la entrada del Argentino Hotel simbolizan el fuego y el aire, lo denso y lo sutil, lo corporal y lo espiritual. En el vitral que se encuentra dentro, se aprecia una fuente con rosas. La rosa es símbolo de la piedra filosofal; también puede observarse una en lo que queda de la vieja vereda original, junto a una cruz templaria y otros símbolos.

  • El vínculo de Francisco Piria con la masonería es de público conocimiento, aunque fue fugaz y no muy feliz. Ya anciano, Piria ingresó a una logia de la cual se desvinculó inmediatamente, aparentemente desencantado, escribiendo al respecto que “la primera actividad había sido una chupandina soberbia”.


Vitral del Argentino Hotel

Urbanización hermética

 A lo largo de la Rambla de los Argentinos, y también en la zona del puerto, se ven columnas coronadas por esferas. Son mapamundis, aunque la erosión ya no permite ver claramente los continentes. Si se mira con atención en algunas pueden descubrirse aún los contornos, pero las posiciones no son las actuales ni tampoco las que tuvieron alguna vez...


Rambla de Piriápolis, donde pueden verse las columnas coronadas por esferas

  • Si tomando un mapa de Piriápolis se unen con líneas los principales puntos con referencias a la alquimia, se dibuja la constelación de Acuario.

  • Piriápolis tenía un plano original en 1912 que finalmente no se llevó a cabo. En dicho plano algunos ven símbolos cabalísticos como el Árbol de la Vida, formado en el trazado de las calles.



El misterio de las tres fuentes

Se dice que Piria trazó los planos de la ciudad siguiendo una geometría sagrada. Marcó puntos energéticos con las estatuas de las tres fuentes, que formaron uno de los primeros paseos creados a principios del siglo XX: la Fuente de la Virgen, la Fuente del Toro y la Fuente de Venus . Por otra parte, Piria no se cansaba de afirmar que las aguas que manaban de sus manantiales tenían propiedades curativas. A su vez, el número tres tiene connotaciones místicas en sí mismo.

Los símbolos están a la vista, creer en ellos o no depende de cada uno. Lo cierto es que el misterio que envuelve la figura de Francisco Piria forma parte ineludible del patrimonio de Piriápolis, una ciudad creada prácticamente por un solo hombre, y eso ya de por sí es casi un milagro.

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