La evolución del poblamiento del Este | Casas en el Este


¿Cómo se fueron poblando los balnearios desde sus orígenes hasta hoy?


La evolución del poblamiento del Este

En el siglo XIX y comienzo del XX, la costa este de Uruguay contaba con poca población estable. Apenas algunos caseríos y, con suerte, poblados de pescadores acá y allá. Los balnearios que iban estableciéndose eran elegidos como destino de veraneo por algunas familias privilegiadas, ya fuera por su poderío económico o por tener la suerte de vivir cerca.
 
Con el paso del tiempo, cada localidad fue creciendo, algunas realmente se agigantaron, y hoy son balnearios de referencia mundial como Punta del Este, Piriápolis, La Paloma o José Ignacio. También hay zonas extensamente pobladas como la Costa de Oro, donde los balnearios se hermanan en una extensa cadena de belleza natural y confort urbano. 
 
Así empezó a asentarse una población estable en lugares cada vez más al este de Montevideo. El Este hoy ya no es solo un lugar de retiro veraniego: es también elegido por muchas familias para tener su hogar en un entorno bien tranquilo y cerca del mar. En Casas en el Este nos encanta conocer la historia que ha llevado a nuestra costa a ser lo que es hoy, y por eso hoy te invitamos a este recorrido por la evolución del poblamiento del Este.

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La era del desierto

Los grandes arenales se extendían por el este de nuestro país en los siglos pasados, y no solo en Rocha -donde hoy aún dominan parte del paisaje como puede apreciarse en Barra de Valizas-. La costa de Atlántida, por ejemplo, era un lugar despoblado cubierto por una franja de cinco kilómetros de arena; muy parecido era el paisaje de arenales de La Floresta y Balneario Argentino
 
El Balneario Solís y Jaureguiberry también eran enormes extensiones de dunas antes de ser forestados por el pionero Miguel Jaureguiberry, trabajo que comenzó en 1937. El desierto de arena se extendía hasta Punta del Este, donde se llegaron a ver dromedarios traídos por su fundador en el siglo XIX: Don Francisco Aguilar y Leal, un comerciante proveniente de las Islas Canarias (España); que fundó Villa Ituzaingó (luego Punta del Este) en 1829.
 
Otros lugares, como lo que hoy conocemos como Guazuvirá, eran dominados por la vegetación nativa. Los primeros pobladores de los distintos balnearios tuvieron una ardua tarea para hacer que esos entornos fueran habitables, sin romper con el equilibrio de la naturaleza.
 

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Punta del Este
 

Las poblaciones estables en el este costero de nuestro país no fueron apareciendo de manera ordenada y consecutiva una en pos de otra, como sí por ejemplo ocurrió en la expansión hacia el oeste en Estados Unidos. Los balnearios fueron surgiendo en distintos puntos de Canelones, Maldonado y Rocha sin seguir una línea histórico-geográfica precisa. Muchas veces los poblados aparecían por impulso de los emprendedores particulares, o porque allí crecía la población fruto de la pesca, por citar solo dos ejemplos clásicos. 

 
El poblamiento de la costa canaria

En el siglo XIX en Salinas se extendía una zona de seis kilómetros cuadrados de chacras, mientras que Atlántida era visitada por familias pudientes, que llegaban en sus carretas (medio de transporte y vivienda itinerante) a pasar varias semanas, incluso el verano completo. Toda la zona que hoy ocupa el balneario junto con Parque del Plata era conocida como Las Toscas. Estaba despoblada fuera del verano excepto por algún rancho de pescadores que cada tanto aparecía.
 
La forestación de la costa canaria se instaló en la primera mitad del siglo XX en manos de pioneros como Miguel Jaureguiberry, Miguel Perea o Juan A. Rodríguez (este último responsable de la forestación de Fortín de Santa Rosa en 1941). Así se dio el principal puntapié inicial para atraer una población estable en la franja costera, ya que la plantación de árboles y vegetación vino acompañada de la venta de solares y del diagramado de calles, la conexión con el ferrocarril y más adelante con la ruta interbalnearia que comenzó el proceso de unión que hoy conocemos por Costa de Oro.

 
En 1911 se funda Atlántida. La primera casa construida se llamó El Chingolo, pero en solo 10 años ya era un destino turístico con una creciente población estable, que se afianzó entre 1930 y  1950 con familias del interior cuando se convirtió en el balneario principal de Canelones. El gran impulsor fue Natalio Michelizzi, que entre otras cosas construyó El Águila en Villa Argentina y el Hotel Planeta en Atlántida.

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Atlántida


La Floresta también nació en 1911 y contaba con un hotel sobre la costa desde 1919. Junto con Atlántida y Costa Azul ya eran centros poblados en 1940. El impulso de estos grandes polos turísticos hizo crecer a los balnearios más pequeños. En la década del ‘60 ya estaba instalada la práctica de alquilar casas de veraneo, y el flujo turístico generó más y más movimiento. Los poblados vecinos fueron creciendo, y hoy son prácticamente un solo extenso nodo vacacional llamado Costa de Oro. 
 
Ciudad de la Costa es un caso ejemplar de expansión hacia el este desde Montevideo. Desde Barra de Carrasco hasta El Pinar, la zona comenzó con poblaciones separadas e independientes, balnearios pequeños que salpicaban alrededor de 16 kilómetros de costa. Desde 1994 son un gran centro poblado unificado en 1994 donde viven de manera permanente más de 100 mil uruguayos, una de las ciudades más grandes del país.
 

La evolución fernandina: la historia de dos gigantes

Hablar del desarrollo de la costa de Maldonado es hablar del gran proyecto personal de Francisco Piria: Piriápolis, el primer balneario del país, fundado en 1893 con el fin de emular el glamour de las costas europeas. Piria ya estaba instalado en aquellas tierras desde 1889. Se dedicaba a cultivar uva, olivares y tabaco en sus 2700 hectáreas desde el Cerro Pan de Azúcar hasta el mar. 
 
Piriápolis fue la joya que le hizo sombra a Punta del Este en la primera mitad del siglo XX. Aunque Villa Ituzaingó (el primer nombre que tuvo la localidad) nació más temprano, en 1829, recién en 1907 comenzó a ser un destino turístico de relevancia. En 1980 se consolidó como el balneario top que hoy se conoce a nivel mundial, y mantuvo su auge sin interrupciones hasta ahora.

 

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Punta del Este
 


Hoy tanto Piriápolis como Punta del Este son importantes ciudades del departamento de Maldonado, con población estable todo el año (unos 20 mil habitantes entre ambas ciudades) y una propuesta de turismo desestacionalizada. También se han desarrollado como ciudades universitarias gracias al Centro Universitario de la Región Este instalado en Maldonado. Los balnearios cercanos como Punta Colorada, Playa Hermosa, Punta Ballena y Portezuelo fueron creciendo luego de los años sesenta a través del boca a boca, aunque aún la población permanente es de apenas unos cientos de habitantes.
 

La Barra y José Ignacio

Es interesante también ver la evolución de otros destinos más chicos de Maldonado, que tuvieron procesos de colonización bien distintos entre sí. Por ejemplo, La Barra se forjó a fines del Siglo XIX como pueblo de pescadores y lugar de veraneo de las familias que venían desde San Carlos (igual que Manantiales), y creció luego de construido el puente ondulante en 1965. Hoy tiene una población estable de casi 500 habitantes, que dedican su tiempo a trabajar en Maldonado y otras zonas cercanas.
 

Donde hoy está José Ignacio, había una estancia con ese nombre en 1763. El faro se construyó en 1877, a comienzos del siglo XX se hicieron los primeros loteos y casas. Nació así un pueblo que se mantuvo con sus 60 habitantes hasta 1980, cuando el mercado inmobiliario comenzó a darle un nuevo impulso. Aún así conserva su aire tranquilo, hoy con 300 habitantes estables, pero elegido como destino de veraneo de grandes personalidades internacionales como Shakira, Mirtha Legrand o Elon Musk, que tienen residencias en las chacras marítimas de la zona.

Al oeste de Maldonado


Más hacia el oeste, uno de los primeros balnearios en surgir fue Solís, en 1931. Hasta la forestación realizada por don Jaureguiberry, lo único que se encontraba desde el 1900 era el casco de la Estancia Santa Rosa (luego ex hotel Solis; aún hoy puede verse la construcción), en su momento propiedad de la familia Barreira. Con la vegetación vinieron los primeros pobladores estables y temporales; sus casas datan de 1940.
 
Mientras tanto zonas como Bella Vista o Las Flores, a principios del siglo XX, eran tierras usadas para plantar remolacha y producir azúcar. Bella Vista estaba en manos de la familia Aznárez. Cuando se plantaron árboles para delimitar los terrenos, fueron ofrecidos a personas de la confianza de la familia Aznárez, lo que dio como resultado un destino arbolado y apacible. 
 

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Bella Vista
 

 La evolución de Rocha: guiados por el faro (y la pesca)

Los faros marcaron el origen de muchos balnearios en Rocha, con mucha presencia de pescadores. El ejemplo paradigmático es La Paloma, que nace en 1874 junto con el faro y era abastecida por mar gracias al puerto. Contaba con espaciados caseríos construidos casi al azar; y recién en la década de 1930 comienza a ser destino de veraneo. A su lado creció La Aguada con trabajadores del puerto que fijaron allí sus residencias.  Hoy La Paloma tiene alrededor de 4 mil habitantes permanentes, que se multiplican en temporada alta.
 
Cabo Polonio también tuvo su origen a mediados del siglo XIX. Se instalaban personas atraídas por la enorme riqueza que representaba la explotación de los lobos marinos. El faro se construyó en 1881 y ya en el siglo XX se diversificó la economía en torno a la pesca en general. Hoy el Cabo es conocido a nivel mundial, y sin embargo sigue conservando su tranquilidad desde que se vio como destino turístico alrededor de 1960, sobre todo gracias a su integración en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) que implica, entre otras cosas, que no se puede construir allí nuevas edificaciones.

Otro que vio la luz gracias a la pesca artesanal fue Punta del Diablo, allá por 1942, con gente que venía de Valizas. En 1968 se hizo el camino de acceso desde la ruta, marcando el comienzo del crecimiento del balneario.

 

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 La Pedrera debe su origen a inmigrantes italianos y vascos, a finales del siglo XIX. El año 1900 es el punto donde comienza a crecer el caserío hasta que se desarrolla como destino turístico en la segunda mitad del siglo XX. También Aguas Dulces tiene una larga historia: empezó a poblarse por 1930, gracias a lo fácil que era encontrar agua dulce -que terminó dándole el nombre- en la zona. Los ranchos que hoy caracterizan al balneario, aunque han mejorado su calidad, mantienen el estilo sencillo de sus orígenes.
 
Por su lado, Barra de Valizas empezó a poblarse gracias a la presencia del arroyo, la tierra fértil y la pesca abundante. Sus pioneros fueron oriundos del lugar y sobrevivientes de los naufragios tan frecuentes en la zona. Menos de diez familias poblaban el lugar en 1910; y los primeros turistas vinieron de Castillos. En la década del 50 se hizo una vía de acceso, pero siguió siendo un lugar difícil de llegar incluso hasta la década de los ‘80, debido a un bañado que cortaba el acceso y que era muy difícil de cruzar. 
 
Nos cuenta el historiador Jesús Perdomo que es a partir de la década del ‘80 cuando se soluciona el pasaje del bañado y el acceso se hace mucho más fluido con un puente y un sistema de alcantarillado, “Antes uno bajaba a la playa y tenía que saludar a todo el mundo, eran todos conocidos, en la década del 80 fue cuando uno bajaba a la playa y ya no saludaba a tanta gente, muchos desconocidos, fue en esa época que comenzó el flujo turístico primero de otras partes del Uruguay y luego de extranjeros.” 
 

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Laguna Garzón

 

 La síntesis de un crecimiento paulatino

En el siglo XIX marcaron el inicio del poblamiento en el este los pioneros visionarios que dieron todo su esfuerzo para crear los balnearios, así como sacrificados pescadores y los sobrevivientes de naufragios que se quedaron en las zonas haciendo frente a las condiciones más hostiles.
 
En el siglo XX el crecimiento fue de la mano hotelera, el desarrollo de los servicios y sobre todo la conexión que poco a poco los puentes y las rutas fueron tejiendo entre los balnearios, facilitando la llegada desde Montevideo y otros puntos del país.
 
Ya adentrados en el siglo XXI, tenemos balnearios que no solo explotan en la temporada de verano sino que tienen su población permanente y servicios disponibles todo el año. Pero incluso cuando parece que no quedan rincones por descubrir, todavía hay zonas de naturaleza intacta que poco a poco se van abriendo al turismo y que van enamorando a quienes quieren aventurarse en playas casi deshabitadas, como las que recibieron a los primeros pobladores hace casi dos siglos.
 
 


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