Carnavales en el Este: la esencia de los primeros festejos | Casas en el Este


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Carnavales en el Este: la esencia de los primeros festejos

La fiesta más popular del país es patrimonio de todos los uruguayos. Quizás por ese arraigo histórico, el Carnaval es de esos feriados que más elige la gente para irse a su balneario preferido a festejar o descansar. Y aunque en Montevideo se viven los festejos centrales del carnaval durante cuarenta días, es en los balnearios donde se celebra la noche de carnaval propiamente dicha, y donde se conserva la esencia espontánea que le dio origen a esta fiesta. Siempre curiosos por saber de dónde vienen las tradiciones del este, indagamos en la historia del carnaval y cómo se fue desarrollando en el Este hasta el día de hoy.

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Desde fines del siglo XIX la iluminación jugó un papel fundamental en las noches del Carnaval: En la década de 1870 se usaban farolitos de papel iluminados con velas; a principios del siglo XX arcos a gas; y más adelante bombitas de diversos colores. (Foto 8415 del archivo CDF; Año 1948; http://cdf.montevideo.gub.uy/ )


El carnaval rompe el cascarón

El Carnaval nació en Montevideo como un crisol de festividades y tradiciones europeas y africanas que se conjugaron ya en la época colonial, asociadas a diferentes leyendas y festejos religiosos. La celebración servía como una forma de expresión para los nuevos pobladores de las colonias. Las primeras manifestaciones populares del Carnaval se registran alrededor de 1750: las personas se tiraban agua, huevos, harina -y lo que encontraran en la cocina-, algo parecido al carnaval medieval Europeo. También se organizaban bailes de disfraces, una manera de romper lo cotidiano y vivir, al menos por unas horas, nuevas personalidades.

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Un presidente “bromista” : Según cuenta José María Fernández Saldaña (1879 - 1961), historiador, escritor y periodista uruguayo, el dictador y presidente Lorenzo Latorre “...daba mal ejemplo, junto con alguno de sus ministros, bombardeando con huevos a los que pasaban delante de su casa en la calle Convención. (Fuente: Wiikipedia)

 

A fines del siglo XVIII, en el afán de “modernizar” la sociedad, se puso fin a estos festejos generalizados. Se empezaron a privilegiar las representaciones artísticas (canto y actuación) que ya en esa época habían pasado a ocupar el centro de atención del público montevideano.

Los primeras murgas y sus nombres increíbles: "Don Bochinche y Compañía", "Formale el cuento a la vieja", "Tirame la punta del naso", "Domadores de suegras", "Salimos por no quedarnos en casa", "Los peludos terribles", "Amantes al salamín", "Escuela de tiburones"

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Aunque las primeras comparsas de negros y lubolos datan de 1876, el candombe surgió un siglo antes. En 1750 llegó desde Inglaterra el primer barco tratante de esclavos africanos al puerto de Montevideo. El dolor, los maltratos físicos y psicológicos que recibieron estas personas dieron a luz poco a poco, en su intimidad, a un canto que acompañaron con el toque del tambor para danzar en recuerdo de su tierra perdida. El nombre de «llamadas» tiene su origen en el siglo XIX, en referencia a cómo se comunicaban los esclavos a través del tambor; algo que mantuvieron después de abolirse la esclavitud.

El Carnaval en el Este

En las localidades del este el carnaval también tiene una presencia muy importante. Hoy los tablados se levantan en todos los balnearios, desde la Ciudad de la Costa hasta Barra del Chuy. Lugares como Punta del Este,  Piriápolis, Parque del Plata o Atlántida cuentan con desfiles de llamadas y concursos.

En los balnearios más pequeños, el carnaval se parece mucho más a lo que fue en sus comienzos históricos, con los vecinos integrados más como protagonistas que como meros espectadores. En Guazuvirá, por ejemplo, los vecinos arman cada año una fiesta muy familiar, con un desfile por las calles internas que termina en un baile hasta tarde. En Araminda ya es un clásico la fiesta de disfraces en La Galia, que retoma algo de los antiguos bailes de máscaras de los carnavales de antaño.

En Rocha se vive el carnaval con intensidad, y en los distintos balnearios se vive esa energía de festejo espontáneo de los primeros carnavales. La Kachimba, en , comenzó con organizar talleres de tambores y tiene un grupo niños llamado El balde de la Kachimba. Castillos tiene su comparsa y en La Paloma está “La Palomurga”.

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Como nos cuenta Graciela Pérez, Directora de la Escuela N° 65 Aguas Dulces y residente en La Paloma, “el carnaval entre los vecinos es muy participativo. En la Playa Solari, Costa Azul y Arachania por ejemplo se juntaban los jóvenes en la costa a tirarse bombas de agua, los niños con sus madres y también gente mayor. Siempre hay alguien que se puede molestar porque lo mojen y por esas quejas se ha perdido un poco en estos últimos años esa juntada”.

Quizás el Carnaval que más combina todos estos elementos que en su momento dieron origen a la celebración es el de La Pedrera: todo el balneario participa del desfile, todos van disfrazados y nadie se salva del agua y la espuma. “Este Carnaval nació prácticamente con La Pedrera. Hace 100 años era toda una ceremonia: visitar a los amigos desde temprano, elegir bien el disfraz, se hacía todo un baile, se esperaban a los amigos y parientes que tenían casa en Montevideo”. Lo reciente del Carnaval de La Pedrera es la masificación: pasó de unos 200 vecinos en el 99 a más de 20.000 personas hoy. (En esta nota podés conocer más detalles sobre la historia del mayor carnaval de nuestra costa).

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Carnavales espontáneos

Lo que hoy se vive en La Pedrera, Guazubirá, La Paloma y otros balnearios, aunque más organizado, no dista demasiado de lo que sucedía hace décadas. “El carnaval siempre fue una fiesta espontánea”, nos explica el historiador  y escritor Juan Antonio Varese. “Lo organizaban los clubes sociales, los vecinos, las familias. No había intervención del municipio ni de las intendencias. No estaba institucionalizado”.

Varese también nos lleva por la historia de algunos carnavales que hoy se extrañan. “En Atlántida por ejemplo, en la década de 1950 se formaban bandas de jóvenes en bicicleta para organizar las guerrillas de agua, y esto no solo era solo por diversión, también servía para conocer gente, le tiraban agua a las chiquilinas y con eso tenían una excusa para conversar. Salían a la calle las familias enteras, los padres mostraban con orgullo a sus niños disfrazados, ocasionalmente en algunos lugares se organizaba algún corso vecinal pero por lo general incluso lugares como Punta del Este tenían un carnaval entre vecinos, muy vinculado al club social. En La Floresta se organizaban bailes de disfraces.”

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(fuente: Biblioteca bicentenario )

La transformación del carnaval en un evento más organizado vino por dos lados: las alcaldías, que desde su creación han tenido mucha intervención en la organización del carnaval; y el turismo, que hace unos diez años toma al el carnaval como un complemento más de la Marca País.

En Montevideo, “hoy el carnaval no es solo cosa de vecinos, es un espectáculo más que deja mucho dinero y donde se invierte mucho también, se organiza un concurso, y a veces prioriza más este tema, los trajes, la imagen, y ya no importa tanto que los tambores se escuchen desde 6 cuadras de distancia, sino el maquillaje, la vedette, la coreografía. Es un proceso que al carnaval le hace ganar por un lado (los conjuntos se profesionalizan, se organizan mejor, se nuclean en un desfile) y perder por otro (se pierde espontaneidad, en el momento en el que la fiesta se institucionaliza)”.

Todavía hay tamborileadas en los barrios montevideanos y en las ciudades del interior, donde, como bien relata Varese, “sale uno con el tambor, y al rato tenés a ocho o diez personas tocando alrededor de ese primero que salió, y vecinos bailando porque salieron al escuchar la tamborileada, y se quedan en la esquina o caminan dos, tres, seis cuadras. Esa fiesta espontánea es la esencia del carnaval”.

 


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